Todo en buena medida puede sumar y ser útil, pero cuando se distorsionan las perspectivas y la desmesura se vuelve norma, el mensaje se pierde.
En las redes sociales te bombardean con consejos y recomendaciones las 24 horas al día, desde lo más íntimo y personal hasta lo más básico y elemental.
Algunos los dan especialistas: médicos, psicólogos o psiquiatras reputados, otros, aunque no tengan aval académico parecen poseer una experticia basada en la experiencia, otros son opinadores de oficio y también (en gran medida) ignorantes que quieren pantalla. Juntos hacen un ruido monumental que puede llegar a ser desagradable.
Me caen bien los especialistas reales, porque no dan soluciones rápidas, por el contrario, advierten que toda recomendación debe ser sometida a cuestionamientos e incluso reiteran que todo consejo no tiene sentido si no se pasa a la práctica. Me gustan los que dudan, los que no se creen dueños de la verdad. Esos que hablan con ligereza me espantan, aquellos que dicen lugares comunes sobre temas importantes y brindan soluciones simples y efectistas a conflictos profundos y complejos.
Para mi es muy obvio que cada vida es distinta, que cada circunstancia es diferente y por ende única. No puedes decirle a Pepita que odie a su ex novio porque quizás fue una buena relación o aconsejar a Juanita para que baje los 20 kilos que le sobran porque su felicidad llegará al sentirse bella.
No, no es tan fácil volverse millonario trabajando remoto desde una playa. Tampoco la soltería es la mejor forma de vivir o el matrimonio y los hijos el destino de toda mujer.
Todo es relativo, empezando por mi opinión, quizás tu no estás harto de que te vendan soluciones rápidas y te den consejos que no has pedido. Tal vez a ti no te molesta esa gente que te dice sin miramientos que te va a cambiar la vida en un minuto con su idea millonaria.
A mi me gusta pensar y elegir, no delego esa responsabilidad en otros, si tengo que hacer una recomendación que nadie me ha pedido en estos tiempos de internet y redes sociales diría: no dejes que nadie te diga qué hacer, escucha sí, pero no te compres el discurso ajeno, crea el tuyo.
Luisa Ugueto Liendo
