Nadie te puede hacer sentir mal sin tu consentimiento. Esta es una frase cliché, pero verdadera, claro que aprenderlo toma años, incluso décadas. De hecho, algunos pasan toda la vida sin descubrirlo e incluso quienes lo sabemos no siempre somos hábiles para evitar las heridas emocionales que pueden generar algunos comentarios.
Es increíble como la palabra más tonta puede despertar un malestar, abrirte una herida, empujar una o varias lágrimas. Somos vulnerables ante las expresiones de otros, después de todo somos humanos, no máquinas.
Alguna gente no mide lo que dice y terminan haciendo daño, la mayoría de las veces, involuntariamente. Particularmente creo que la imprudencia al hablar no viene de la mano de la mala intención, más bien es producto de la ignorancia, el poco criterio y las ganas desmedidas de dar una opinión que, la mayoría de las veces, nadie está pidiendo.
La única forma de protegerse es hacer una pausa inteligente, detenerse antes de darle rienda a los sentimientos. Se dice fácil, pero no lo es.
Evaluar y analizar las razones de nuestra molestia amerita de disciplina.
No creer ni en nuestros propios sentimientos en el primer instante en que se producen es una práctica saludable que requiere trabajo.
Estamos acostumbrados a reaccionar, a sentir, no a pausar.
El camino más corto para lograrlo es trabajar en la autoestima.
La gente inteligente hace pausas inteligentes. Sienten, pero reflexionan sobre sus sentimientos.
La seguridad personal es la clave.
Una persona segura sufre muchísimo menos, cuenta con herramientas que el resto de la gente desconoce, tiene tanto amor propio que no vive buscando validación externa y por ende tampoco le prestará atención a las observaciones ajenas.
No está exenta del sufrimiento, pero puede manejarlo.
Ser seguro es sin duda muy difícil, quien diga lo contrario miente o confunde seguridad con ego, y no son sinónimos.
La seguridad depende de uno, de la estima que te tengas, más allá de tus circunstancias, el ego necesita el apoyo del mundo exterior, disfruta los halagos y el respaldo ante cada circunstancia favorable, pero padecerá en extremo cuando algo falle.
Si queremos tener una buena vida y no sufrir debido a nuestras relaciones o vínculos lo mejor que podemos hacer es construir nuestra seguridad.
No es fácil herir a una persona que sabe lo que quiere, que se trata con amor, que soluciona sus problemas y cuida de sí mismo. Tampoco querrá herir a otros. Busca el bienestar aunque se equivoque mil veces.

