Cocinar es como hacer el amor, no puedes comportarte como un amante desesperado si lo que deseas es pasar un buen momento y hacérselo vivir a la otra persona. Tienes que deleitarte con los sabores, olores y sensaciones. Tienes que sentir. En la cocina pasa igual, para tener buena sazón debes saborear cada ingrediente e imaginar sus infinitas posibilidades.
La cocina es una actividad diaria, para algunos es una simple rutina o una obligación, para otros, dentro de los que me cuento, una oportunidad para crear belleza que impacte directamente en la vida cotidiana, pero no siempre fue así. Antes cocinaba por obligación. Desconocía la alegría, la sensualidad y la belleza con la que te conecta una receta realizada por y para uno mismo.
¿Por qué no nos enseñan cocina en el colegio? Debería ser una materia obligada. Es imprescindible comer rico, no se puede vivir una buena vida comiendo cualquier cosa.
Cocinar es un acto de amor, es una forma de probar cuánto deseas complacerte, un modo de decirte a ti mismo lo mucho que te importa tu subsistencia, porque aunque se nos olvide comemos para sobrevivir fundamentalmente. Aunque también por placer, por disfrute.
No es fácil cocinar, como todo arte precisa de pulir los detalles y muy probablemente las recetas no te salgan bien desde el inicio, pero esa frustración es una invitación a un segundo, tercero y hasta cuarto intento.
La verdad es que mientras más cocinas, más logras dominar esa disciplina que puede reflejar lo mejor de ti, la clase de amor que tienes para dar, sobre todo a ti mismo.
Luisa Ugueto Liendo
@luisauguetoliendo









