domingo, 5 de octubre de 2025

Cocinar (te)

 

 
Si te gusta comer te gusta cocinar, aunque todavía no lo sepas. La cocina es una actividad que se enriquece con  los detalles. Una persona descuidada no puede ser un buen cocinero, no importa si eres profesional o aficionado. Para cocinar bien tienes que concentrarte y tener paciencia para realizar todos los procesos con atención y calma. 

Cocinar es como hacer el amor, no puedes comportarte como un amante desesperado si lo que deseas es pasar un buen momento y hacérselo vivir a la otra persona. Tienes que deleitarte con los sabores, olores y sensaciones. Tienes que sentir. En la cocina pasa igual, para tener buena sazón debes saborear cada ingrediente e imaginar sus infinitas posibilidades.

La cocina es una actividad diaria, para algunos es una simple rutina o una obligación, para otros, dentro de los que me cuento,  una oportunidad para crear belleza que impacte directamente en la vida cotidiana, pero no siempre fue así. Antes  cocinaba por obligación. Desconocía la alegría, la sensualidad y  la belleza con la que te conecta una receta realizada por y para uno mismo.

¿Por qué no nos enseñan cocina en el colegio? Debería ser una materia obligada. Es imprescindible comer rico, no se puede vivir una buena vida comiendo cualquier cosa. 

Cocinar es un acto de amor, es una forma de probar cuánto deseas complacerte, un modo de decirte a ti mismo lo mucho que te importa tu subsistencia, porque aunque se nos olvide comemos para sobrevivir fundamentalmente. Aunque también por placer, por disfrute.


No es fácil cocinar, como todo arte precisa de pulir los detalles y muy probablemente las recetas no te salgan bien  desde el inicio, pero esa frustración es una invitación a un segundo, tercero  y hasta cuarto intento. 

La verdad es que mientras más cocinas, más logras dominar esa disciplina que puede reflejar lo mejor de ti, la clase de amor que tienes para dar, sobre todo a ti mismo.

 

 Luisa Ugueto Liendo

@luisauguetoliendo 

 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Pausa inteligente

Nadie te puede hacer sentir mal sin tu consentimiento. Esta es una frase cliché, pero   verdadera, claro que aprenderlo toma años, incluso décadas. De hecho, algunos pasan toda la vida sin descubrirlo e incluso quienes lo sabemos no siempre somos hábiles para evitar las heridas emocionales que pueden generar algunos comentarios. 

Es increíble como la palabra más tonta puede despertar un malestar, abrirte una herida, empujar  una o varias lágrimas. Somos vulnerables ante las expresiones de otros, después de todo somos humanos, no máquinas. 

Alguna gente  no mide  lo que dice  y   terminan haciendo daño, la mayoría de las veces, involuntariamente. Particularmente creo que la imprudencia  al hablar no viene de la mano de la mala intención, más bien es producto de la ignorancia,  el poco criterio y las ganas desmedidas de dar una opinión que, la mayoría de las  veces, nadie está pidiendo. 

La única forma de protegerse es  hacer una pausa inteligente, detenerse antes de darle rienda a los sentimientos. Se dice fácil, pero no lo es. 

Evaluar y analizar las razones de nuestra molestia amerita de disciplina.

No creer ni en nuestros propios sentimientos en el primer instante en que se producen  es una práctica saludable que requiere trabajo.

Estamos acostumbrados a reaccionar, a sentir, no a pausar.  

El camino más corto para lograrlo es trabajar en la autoestima. 

 La gente inteligente hace pausas inteligentes. Sienten, pero reflexionan sobre sus sentimientos. 

 La seguridad personal es la clave.  

Una persona segura sufre muchísimo menos, cuenta con herramientas que el resto de la gente desconoce, tiene tanto amor propio que no vive buscando validación externa y por ende tampoco le prestará  atención a las observaciones ajenas. 

No está exenta del sufrimiento, pero puede manejarlo. 

Ser  seguro es sin duda muy difícil, quien diga lo contrario miente o confunde seguridad con ego, y no son sinónimos. 

La seguridad depende de uno, de la estima  que te tengas, más allá de tus circunstancias, el ego necesita el apoyo del mundo exterior, disfruta   los halagos y el respaldo ante cada circunstancia favorable, pero padecerá en extremo cuando algo falle.

Si queremos tener una buena vida y no sufrir debido a nuestras relaciones o vínculos lo mejor que podemos hacer es construir nuestra seguridad.

No  es fácil herir a una persona  que sabe lo que quiere, que se trata con amor, que soluciona sus problemas y  cuida  de sí mismo. Tampoco querrá herir a otros. Busca el bienestar aunque se equivoque mil veces. 

jueves, 11 de septiembre de 2025

Envenenarse

 

 

Odiar es un deporte altamente practicado por la mayoría.  Socialmente  se tiene como costumbre ejercerlo por razones triviales. 

Si alguien tuvo una actitud equivocada o cruel, algunas personas se sienten con licencia para desatar toda su ira. Dicen "no perdonar" con orgullo, y se llenan la boca alimentando un ego mal entendido que solo fomenta la discordia y la falta de paz interior. 

En nuestra sociedad (en tu calle, en tu país, en el mundo) se normaliza el rencor como una forma de arte. 

El internet es el escenario ideal para los odiadores de oficio,  tienen muchos más seguidores en redes sociales que quienes manejan un discurso neutro o de paz.  Ser noble  es un chiste para una mayoría que ven en esa postura una forma de exponerse ante la maldad de los otros. 

Algunos  aborrecen, incluso,  a quienes ni conocen. En redes sociales últimamente el ejemplo perfecto es el odio  a algunos artistas. Los  insultan con  ferocidad.

El odio es la enfermedad de esta época. 

El odio y su práctica  es el culpable de muchas muertes. Se fomenta a diario  en discursos políticos, en disputas triviales y tendencias irrelevantes. 

Pensar diferente no es motivo para asesinar a un ser humano. 

Muchos están tan preocupados por tener la razón que si para sostenerla tienen que liquidarte no les temblará el pulso. 

El odio es un error, el peor de todos.  

Es una enfermedad mental,  una práctica de gente poco inteligente que no puede analizar las circunstancias propias o ajenas con racionalidad. 

Nace de la debilidad de carácter, del miedo y puede que alcance a otros, pero fundamentalmente destruye a quien lo siente y lo lleva a la acción.  


domingo, 24 de agosto de 2025

Pensar en lo que nos gusta, hablar de lo que nos gusta

 

 

Perdemos mucho tiempo pensando, hablando y dando atención  a lo que no nos gusta. Un ejemplo evidente es detenerse a ver cómo una mayoría lo hace en redes sociales, escriben mensajes horrendos  a personas que dicen despreciar, pero a quienes, sin embargo, les dan toda su energía.  

En la vida cotidiana es casi una ley perder tiempo deteniéndonos en lo que nos desagrada de la vida:  los problemas, comportamientos, sucesos, situaciones, formas de ser, todo lo que se considera está mal. 
 
Centrarse en lo que no nos gusta es un mal hábito. Para algunas personas el mal humor del jefe, las elecciones de los políticos, la inflación, lo que odian,  es más importante que todo aquello que les divierte, les gusta o hace felices.
 
La obsesión por los noticieros y los temas de actualidad también lo corrobora. Parece que a algunos les interesa reafirmar que todo está tan mal como se imaginan y se deleitan enfocándose en problemas que no pueden resolver y les generan emociones negativas. 
 
“En lo que te concentras crece” dicen por ahí y es verdad, si fijas tu atención en ver todo lo que odias, te molesta o no te agrada tendrás más de eso. Como el algoritmo de TikTok la vida diaria te muestra mucho más de lo que eliges mirar. 
 
Dejar de centrarnos en lo que odiamos es una elección personal. Solo hace falta  cambiar los pensamientos desagradables  cuando aparecen. Es cuestión de establecer el hábito de pensar en algo positivo cuando te venga a la cabeza alguna idea perturbadora. Es un ejercicio de concentración no dejarse llevar y empezar a limpiar la mente de todo lo que te hace sentir mal. 
 
No hace falta ser psicólogo, psiquiatra o amante de la autoayuda para darse cuenta de que el bienestar se consigue, en primer lugar, con los pensamientos. La base de todo discurso son las creencias, si las  cambias obligatoriamente comenzarás  a tener otros  temas de conversación (contigo mismo, con los demás) y, lo que es más importante, otra  perspectiva del mundo.  El bienestar se construye a diario, puedes empezar ahora mismo.
 

Luisa Ugueto Liendo

domingo, 17 de agosto de 2025

No amargarse la vida

 


Hasta en el peor de los momentos es necesario vivir con dulzura, suena cursi, pero tener un carácter dócil, resignarse ante las situaciones negativas nos permite no amargarnos y tener paz interior. Lejos de los lugares comunes y las frases hechas, tener “paz interior” significa simplemente   no molestarse permanentemente, con los otros, con el mundo, con las circunstancias o con uno mismo cuando la vida no es lo que esperas.
La mayoría de la gente o un gran  porcentaje  toma sus frustraciones y las convierte en la excusa perfecta para vivir encabronado. Como el personaje de Ricardo Darín en Un cuento chino (2011) algunos deciden convertir todo lo malo que les pasó en la motivación principal de sus vidas, pero para mal. Eligen envilecerse, odiar, agriarse el carácter,  transformarse en personas amargadas.
Según el Diccionario de la Real Academia Española la palabra “Amargado” puede definirse del siguiente modo: “Dicho de persona de carácter triste y resentido debido a frustraciones o disgustos”.
Tener un carácter triste o resentido es llevar una vida rabiosa, llena de ira o de lamentos, hacerlo es la prueba máxima de que se tiene una autoestima pobre y que estás dispuesto a tratarte a ti mismo rematadamente mal. Perturbado por circunstancias en las que, la mayoría de las veces,  no tienes injerencia. 
Hay gente amargada de todas las edades, sin embargo, cuando va pasando el tiempo, es mucho más fácil perder la tranquilidad y el optimismo, obviamente te van pasando situaciones no tan agradables. La capacidad para transformarlas puede evitar  muchos malos momentos, sobre todo interiores, con el carácter y la forma de ser. 
Envejecer bien es no volverse un amargado pase lo que pase, es mirar con  amor las situaciones desagradables y absurdas que se nos presentan o simplemente con resignación. Es decidir que el estado de ánimo y los sentimientos no puedan ser modificados por circunstancias externas, que son decisiones diarias.
Para algunos, por ejemplo, no perdonar a los otros es una prueba de fortaleza. Siempre he pensado que eso, es por el contrario, una muestra de debilidad, quienes piensan mal del prójimo, y viven sus vínculos desde la ira, incluidos los que ya no existen, terminan sufriendo innecesariamente y siendo bastante más infelices que el resto, pero no por lo que les ocurrió, por el discurso interior que deciden mantener ante lo que les pasó. 
Esto  no significa que nunca nos molestemos, que la ira es una emoción que no nos visitará, es perfectamente normal si pasa algo  negativo o si se tiene algún inconveniente, lo importante es no quedarse ahí, sobre todo porque uno no se lo merece. Merecemos paz, alegría, amor, felicidad de estar vivos, a pesar de las circunstancias.
 
Luisa Ugueto Liendo  

sábado, 9 de agosto de 2025

El peligro de romantizar la soledad

 


Todo es relativo, cada persona tiene su parcela de realidad y su forma de ver el mundo, por esa razón no se debería afirmar nada categóricamente, sin embargo, me atreveré a hacerlo, porque cuando se habla de soledad tengo un máster. 

La soledad no es la mejor opción para vivir. Sin embargo, es mucho mejor estar solo que con alguien para huir de ella. No cualquiera es compañía y no me refiero solamente a la pareja o a las relaciones sexo románticas. No con todos te la llevas bien, no todo el mundo te agrada, no con todos funcionas.  

Sin embargo, no romantizo la soledad, no es un camino de flores ni un lugar para quedarse, aunque, en esta época, decir que  es maravillosa está de moda.  

El internet está lleno de gente  que le cuenta al mundo que son solteros por elección, que no tienen amigos, que odian a la gente, obviamente en algunos casos será cierto, pero en otros, parece una máscara del ego para no mostrar la necesidad de amar y ser amado, que todos, hasta quienes la niegan, poseen.

En estos tiempos mostrarse como un cínico da ventaja, ser sentimental es sinónimo de imbecilidad y  no es así, no eres un subnormal ni un débil si sueñas con tener relaciones significativas, si tu plan de vida contempla, tal vez no casarte del modo en que la sociedad lo plantea, pero si formar vínculos que puedan tener continuidad y generen valor.

Soy de relaciones largas, por eso sé que el tiempo en lugar de dañar las relaciones, las consolida, no se puede querer lo que no se conoce y el amor no llega de la noche a la mañana. 

Es bueno estar con uno mismo, cuando llegas a conocerte a profundidad consigues tener una relación espectacular contigo, pero también es agradable conectar con otros, compartir mundos. 

Romantizar la soledad impide ver que, fundirse con ella de forma definitiva, también podría ser, como todos los excesos, peligroso.  

La soledad es maravillosa, pero impide los abrazos, también los besos, ni que decir del sexo. No puedes hacer el amor contigo, no puedes abrazarte a ti mismo, al menos no físicamente. Estar solo te obliga, de algún modo,  a vivir una existencia sesgada.  

Además la soledad no es el único lugar posible para desarrollarse, es mentira, por ejemplo, que estar enamorado te limita, por el contrario te amplia la vida. Para amar a otro no hace falta que dejes de amarte a ti mismo, no es necesario renunciar a ser quien eres para ser querido.

Los que dicen que la soledad es el camino para el verdadero acercamiento con uno mismo y la posibilidad más segura para tener estabilidad, pareciera que tienen miedo de exponerse al encuentro con otras almas o que simplemente no han tenido buenos vínculos y la verdad es que conectar con alguien puede ser, como cantó Enrique Iglesias, una experiencia religiosa.  

 

Luisa Ugueto Liendo

 @luisauguetoliendo

domingo, 3 de agosto de 2025

Usar bien la energía

 



No hace falta ser psicólogo ni especialista en salud mental o  un fan de temas de espiritualidad para saber que es necesario utilizar diariamente todos nuestros recursos, físicos y emocionales,  para tener el mejor día posible o al menos intentarlo. 

La vida es lo que hacemos a diario, nuestros hábitos y rutinas repetidas en el tiempo construyen nuestro destino. No llegamos a calcular la importancia de la vida cotidiana y esas pequeñas elecciones que hacemos a cada instante, hasta que el tiempo pasa y nos pregunta qué hicimos con él.

Los años empiezan y terminan sin que te des cuenta. El tiempo es un tirano que te obliga a tomar acción para avanzar,  y siempre te cuestionará sobre el uso que le diste.

Si en la vida diaria no te tomas el trabajo de modificar tus hábitos e incluso la perspectiva con la que los llevas a cabo será imposible que llegues a tener ese cambio que quizás estés buscando. A todos nos pasa, queremos transformar uno o varios aspectos de nuestra personalidad o circunstancias, pero no hacemos nada y creemos que llegarán a suceder  de la noche a la mañana. 

Los cambios son posibles a  través de hábitos nuevos, rutinas que permitan sostenerlos con el paso del tiempo. En este aspecto  surge la importancia de la energía, ya que la realización o el olvido de esos hábitos tendrá relación con ella y el modo en que la administremos. 

Hay dos formas de usar la energía: para  construirnos o destruirnos. 

La energía es nuestra capacidad de ponernos en acción, de movilizarnos por nuestros deseos. 
Se alimenta de nuestras obsesiones, le dedicamos más energía a lo que más nos interesa. Esto no siempre es positivo porque si tus obsesiones son perjudiciales la desperdiciarás.

Podemos elegir qué hacer con la energía de la que disponemos si vivimos desde la consciencia, si dejamos de lado el  piloto automático. 

La experiencia y el paso del tiempo nos ayudan a ver, sobre todo a quienes hemos vivido tratando de entender lo que nos pasa, que si le damos nuestra atención a lo  negativo, desagradable o absurdo que se nos presenta  tendremos unos resultados muy diferentes a si, por el contrario, nos enfocamos en lo positivo con lo que contamos, sobre todo en nuestro mundo interior. Todo cambio es de adentro hacia afuera, no al contrario.  

La energía vital podemos convertirla en ganas y entusiasmo o en desaliento y decepción. 

 

Luisa Ugueto Liendo 



viernes, 25 de julio de 2025

No dejes que nadie te diga qué hacer



El internet no soporta un coach más, está saturado de motivadores, de gente que crea ese contenido donde se recomienda qué hacer, qué no hacer, qué decir y qué no decir para “conquistar”, “hacer amigos”, “sanar”, “tener salud mental”, “amor propio” o  “la vida de tus sueños”. 

Todo en buena medida puede sumar y ser útil, pero cuando se distorsionan las perspectivas y la desmesura se vuelve norma, el mensaje se pierde. 

En las redes sociales te bombardean con consejos y recomendaciones las 24 horas al día, desde lo más íntimo y personal hasta lo más básico y elemental. 

Algunos los dan especialistas: médicos, psicólogos o psiquiatras reputados, otros, aunque no tengan aval académico parecen poseer una experticia basada en la experiencia, otros son opinadores de oficio y también (en gran medida) ignorantes que quieren pantalla. Juntos hacen un ruido monumental que puede llegar a ser desagradable. 

Me caen bien los especialistas reales, porque no dan soluciones rápidas, por el contrario, advierten que toda recomendación debe ser sometida a cuestionamientos e incluso reiteran que todo consejo no tiene sentido si no se pasa a la práctica. Me gustan los que dudan, los que no se creen dueños de la verdad. Esos que hablan con ligereza me espantan, aquellos que dicen lugares comunes sobre temas importantes y brindan soluciones simples y efectistas a conflictos profundos y complejos.

Para mi es muy obvio que cada vida es distinta, que cada circunstancia es diferente y por ende única. No puedes decirle a Pepita que odie a su ex novio porque quizás fue una buena relación o aconsejar a Juanita para que baje los 20 kilos que le sobran porque su felicidad llegará al sentirse bella.  

No, no es tan fácil volverse millonario trabajando remoto desde una playa. Tampoco la soltería es la mejor forma de vivir o el matrimonio y los hijos el destino de toda mujer. 

Todo es relativo, empezando por mi opinión, quizás tu no estás harto de que te vendan soluciones rápidas y te den consejos que no has pedido.  Tal vez a ti no te molesta esa gente que te dice sin miramientos que te va a cambiar la vida en un minuto con su idea millonaria.  

A mi me gusta pensar y elegir, no delego esa responsabilidad en otros, si tengo que hacer una recomendación que nadie me ha pedido en estos tiempos de internet y redes sociales diría: no dejes que nadie te diga qué hacer, escucha sí, pero no te compres el discurso ajeno, crea el tuyo. 

 

Luisa Ugueto Liendo 

viernes, 31 de enero de 2025

Una vida equilibrada

 

Me gusta hacer un poco de todo en el día a día. Disfruto trabajar, pero también hacer ejercicios, escuchar una canción, cocinar o hacer las compras. Sentarme en una plaza al menos diez minutos, escuchar el sonido del viento y el silencio. Trabajar en mis proyectos, leer, aprender algo nuevo, pero también   escuchar chistes sin sentido en Tiktok. 

Es mentira que para ser una persona productiva debes ser rígido y pasarte el día “ocupado”, después de todo ¿qué significa eso? ¿qué es ser una persona productiva? 

A estas alturas no lo sé, la sociedad acostumbra tanto a sus ciudadanos a ser esclavos, que muchos repiten con orgullo frases que reflejan lo abrumados que están con sus ocupaciones.

“No tengo tiempo para nada” dicen con orgullo, olvidando que la experiencia de la vida se trata de tener tiempo al menos para ti, para lo que realmente te importa y genera valor.  

A diario me asombra ver personas que pasan el día sufriendo en trabajos que odian, pero no tienen tiempo para hacer actividad física o comer de forma consciente, disfrutando los alimentos. La autodestrucción está de moda y ser víctima de sí mismo también.  

En realidad desde que tengo conciencia me propuse llevar una vida llena de todo, una existencia sesgada genera infelicidad y frustración. 

Mucha gente vive para sus trabajos, sus hijos o sus relaciones, pero se dejan de lado a sí mismos. Son presos de una cárcel que ellos han creado, viven corriendo, apurados, intentando llegar ¿a donde?
Muy seguramente ni ellos mismos lo saben, la sociedad presiona de tal manera con sus reglas y necesidades impuestas que es muy fácil perderse en los deseos ajenos.  

La gente feliz procura tener pequeños grandes momentos en el día. No es sano vivir desconectado de ti de lunes a viernes esperando volver a la vida el fin de semana.

sábado, 21 de diciembre de 2024

Comer



Me gusta comer. La comida puede ser una motivación y un aliciente ante la vulgaridad de la vida cotidiana.

No puedes controlar lo que pasa en tu día a día, no hay argumento que te ayude con las acciones ajenas, no puedes influir en el clima, el sol o la lluvia no te consultan a la hora de presentarse, pero siempre puedes elegir qué comer.  

Salvo que de tus recursos financieros no quede nada, y por obvias razones no puedas hacer compras en el automercado, comer es una acción libre que puedes ejercer a diario para tu felicidad y bienestar pleno.  

La comida es  un lugar seguro, no necesitas de otros para comer,  no tienes que esperar invitación alguna, es una forma de pasar el tiempo y llenar la vida de momentos únicos.

Claro que a la hora de comer es importante tomar previsiones. No puedes alimentar tu gula o al menos no deberías.

Comer bien, sabroso, no debería ser sinónimo de hacerlo sin limites, dejándote llevar por tus bajos instintos, no puedes (o no deberías) convertir la comida en un vicio.

Todo placer deja de serlo cuando se convierte en una obsesión que te desgasta y anula tu voluntad.

La idea es disfrutar la comida, descubrir sabores, apreciar texturas: dulce, salado, ácido.

Es preciso volverse un experto en probar, sin embargo, esto no significa que te vas a convertir en un goloso irreductible, en alguien que come porque no puede evitarlo.

Los que disfrutamos de la comida, no comemos para escapar, no vivimos para comer, vivimos y también comemos.