domingo, 24 de agosto de 2025

Pensar en lo que nos gusta, hablar de lo que nos gusta

 

 

Perdemos mucho tiempo pensando, hablando y dando atención  a lo que no nos gusta. Un ejemplo evidente es detenerse a ver cómo una mayoría lo hace en redes sociales, escriben mensajes horrendos  a personas que dicen despreciar, pero a quienes, sin embargo, les dan toda su energía.  

En la vida cotidiana es casi una ley perder tiempo deteniéndonos en lo que nos desagrada de la vida:  los problemas, comportamientos, sucesos, situaciones, formas de ser, todo lo que se considera está mal. 
 
Centrarse en lo que no nos gusta es un mal hábito. Para algunas personas el mal humor del jefe, las elecciones de los políticos, la inflación, lo que odian,  es más importante que todo aquello que les divierte, les gusta o hace felices.
 
La obsesión por los noticieros y los temas de actualidad también lo corrobora. Parece que a algunos les interesa reafirmar que todo está tan mal como se imaginan y se deleitan enfocándose en problemas que no pueden resolver y les generan emociones negativas. 
 
“En lo que te concentras crece” dicen por ahí y es verdad, si fijas tu atención en ver todo lo que odias, te molesta o no te agrada tendrás más de eso. Como el algoritmo de TikTok la vida diaria te muestra mucho más de lo que eliges mirar. 
 
Dejar de centrarnos en lo que odiamos es una elección personal. Solo hace falta  cambiar los pensamientos desagradables  cuando aparecen. Es cuestión de establecer el hábito de pensar en algo positivo cuando te venga a la cabeza alguna idea perturbadora. Es un ejercicio de concentración no dejarse llevar y empezar a limpiar la mente de todo lo que te hace sentir mal. 
 
No hace falta ser psicólogo, psiquiatra o amante de la autoayuda para darse cuenta de que el bienestar se consigue, en primer lugar, con los pensamientos. La base de todo discurso son las creencias, si las  cambias obligatoriamente comenzarás  a tener otros  temas de conversación (contigo mismo, con los demás) y, lo que es más importante, otra  perspectiva del mundo.  El bienestar se construye a diario, puedes empezar ahora mismo.
 

Luisa Ugueto Liendo

domingo, 17 de agosto de 2025

No amargarse la vida

 


Hasta en el peor de los momentos es necesario vivir con dulzura, suena cursi, pero tener un carácter dócil, resignarse ante las situaciones negativas nos permite no amargarnos y tener paz interior. Lejos de los lugares comunes y las frases hechas, tener “paz interior” significa simplemente   no molestarse permanentemente, con los otros, con el mundo, con las circunstancias o con uno mismo cuando la vida no es lo que esperas.
La mayoría de la gente o un gran  porcentaje  toma sus frustraciones y las convierte en la excusa perfecta para vivir encabronado. Como el personaje de Ricardo Darín en Un cuento chino (2011) algunos deciden convertir todo lo malo que les pasó en la motivación principal de sus vidas, pero para mal. Eligen envilecerse, odiar, agriarse el carácter,  transformarse en personas amargadas.
Según el Diccionario de la Real Academia Española la palabra “Amargado” puede definirse del siguiente modo: “Dicho de persona de carácter triste y resentido debido a frustraciones o disgustos”.
Tener un carácter triste o resentido es llevar una vida rabiosa, llena de ira o de lamentos, hacerlo es la prueba máxima de que se tiene una autoestima pobre y que estás dispuesto a tratarte a ti mismo rematadamente mal. Perturbado por circunstancias en las que, la mayoría de las veces,  no tienes injerencia. 
Hay gente amargada de todas las edades, sin embargo, cuando va pasando el tiempo, es mucho más fácil perder la tranquilidad y el optimismo, obviamente te van pasando situaciones no tan agradables. La capacidad para transformarlas puede evitar  muchos malos momentos, sobre todo interiores, con el carácter y la forma de ser. 
Envejecer bien es no volverse un amargado pase lo que pase, es mirar con  amor las situaciones desagradables y absurdas que se nos presentan o simplemente con resignación. Es decidir que el estado de ánimo y los sentimientos no puedan ser modificados por circunstancias externas, que son decisiones diarias.
Para algunos, por ejemplo, no perdonar a los otros es una prueba de fortaleza. Siempre he pensado que eso, es por el contrario, una muestra de debilidad, quienes piensan mal del prójimo, y viven sus vínculos desde la ira, incluidos los que ya no existen, terminan sufriendo innecesariamente y siendo bastante más infelices que el resto, pero no por lo que les ocurrió, por el discurso interior que deciden mantener ante lo que les pasó. 
Esto  no significa que nunca nos molestemos, que la ira es una emoción que no nos visitará, es perfectamente normal si pasa algo  negativo o si se tiene algún inconveniente, lo importante es no quedarse ahí, sobre todo porque uno no se lo merece. Merecemos paz, alegría, amor, felicidad de estar vivos, a pesar de las circunstancias.
 
Luisa Ugueto Liendo  

sábado, 9 de agosto de 2025

El peligro de romantizar la soledad

 


Todo es relativo, cada persona tiene su parcela de realidad y su forma de ver el mundo, por esa razón no se debería afirmar nada categóricamente, sin embargo, me atreveré a hacerlo, porque cuando se habla de soledad tengo un máster. 

La soledad no es la mejor opción para vivir. Sin embargo, es mucho mejor estar solo que con alguien para huir de ella. No cualquiera es compañía y no me refiero solamente a la pareja o a las relaciones sexo románticas. No con todos te la llevas bien, no todo el mundo te agrada, no con todos funcionas.  

Sin embargo, no romantizo la soledad, no es un camino de flores ni un lugar para quedarse, aunque, en esta época, decir que  es maravillosa está de moda.  

El internet está lleno de gente  que le cuenta al mundo que son solteros por elección, que no tienen amigos, que odian a la gente, obviamente en algunos casos será cierto, pero en otros, parece una máscara del ego para no mostrar la necesidad de amar y ser amado, que todos, hasta quienes la niegan, poseen.

En estos tiempos mostrarse como un cínico da ventaja, ser sentimental es sinónimo de imbecilidad y  no es así, no eres un subnormal ni un débil si sueñas con tener relaciones significativas, si tu plan de vida contempla, tal vez no casarte del modo en que la sociedad lo plantea, pero si formar vínculos que puedan tener continuidad y generen valor.

Soy de relaciones largas, por eso sé que el tiempo en lugar de dañar las relaciones, las consolida, no se puede querer lo que no se conoce y el amor no llega de la noche a la mañana. 

Es bueno estar con uno mismo, cuando llegas a conocerte a profundidad consigues tener una relación espectacular contigo, pero también es agradable conectar con otros, compartir mundos. 

Romantizar la soledad impide ver que, fundirse con ella de forma definitiva, también podría ser, como todos los excesos, peligroso.  

La soledad es maravillosa, pero impide los abrazos, también los besos, ni que decir del sexo. No puedes hacer el amor contigo, no puedes abrazarte a ti mismo, al menos no físicamente. Estar solo te obliga, de algún modo,  a vivir una existencia sesgada.  

Además la soledad no es el único lugar posible para desarrollarse, es mentira, por ejemplo, que estar enamorado te limita, por el contrario te amplia la vida. Para amar a otro no hace falta que dejes de amarte a ti mismo, no es necesario renunciar a ser quien eres para ser querido.

Los que dicen que la soledad es el camino para el verdadero acercamiento con uno mismo y la posibilidad más segura para tener estabilidad, pareciera que tienen miedo de exponerse al encuentro con otras almas o que simplemente no han tenido buenos vínculos y la verdad es que conectar con alguien puede ser, como cantó Enrique Iglesias, una experiencia religiosa.  

 

Luisa Ugueto Liendo

 @luisauguetoliendo

domingo, 3 de agosto de 2025

Usar bien la energía

 



No hace falta ser psicólogo ni especialista en salud mental o  un fan de temas de espiritualidad para saber que es necesario utilizar diariamente todos nuestros recursos, físicos y emocionales,  para tener el mejor día posible o al menos intentarlo. 

La vida es lo que hacemos a diario, nuestros hábitos y rutinas repetidas en el tiempo construyen nuestro destino. No llegamos a calcular la importancia de la vida cotidiana y esas pequeñas elecciones que hacemos a cada instante, hasta que el tiempo pasa y nos pregunta qué hicimos con él.

Los años empiezan y terminan sin que te des cuenta. El tiempo es un tirano que te obliga a tomar acción para avanzar,  y siempre te cuestionará sobre el uso que le diste.

Si en la vida diaria no te tomas el trabajo de modificar tus hábitos e incluso la perspectiva con la que los llevas a cabo será imposible que llegues a tener ese cambio que quizás estés buscando. A todos nos pasa, queremos transformar uno o varios aspectos de nuestra personalidad o circunstancias, pero no hacemos nada y creemos que llegarán a suceder  de la noche a la mañana. 

Los cambios son posibles a  través de hábitos nuevos, rutinas que permitan sostenerlos con el paso del tiempo. En este aspecto  surge la importancia de la energía, ya que la realización o el olvido de esos hábitos tendrá relación con ella y el modo en que la administremos. 

Hay dos formas de usar la energía: para  construirnos o destruirnos. 

La energía es nuestra capacidad de ponernos en acción, de movilizarnos por nuestros deseos. 
Se alimenta de nuestras obsesiones, le dedicamos más energía a lo que más nos interesa. Esto no siempre es positivo porque si tus obsesiones son perjudiciales la desperdiciarás.

Podemos elegir qué hacer con la energía de la que disponemos si vivimos desde la consciencia, si dejamos de lado el  piloto automático. 

La experiencia y el paso del tiempo nos ayudan a ver, sobre todo a quienes hemos vivido tratando de entender lo que nos pasa, que si le damos nuestra atención a lo  negativo, desagradable o absurdo que se nos presenta  tendremos unos resultados muy diferentes a si, por el contrario, nos enfocamos en lo positivo con lo que contamos, sobre todo en nuestro mundo interior. Todo cambio es de adentro hacia afuera, no al contrario.  

La energía vital podemos convertirla en ganas y entusiasmo o en desaliento y decepción. 

 

Luisa Ugueto Liendo