Me gusta comer. La comida puede ser una motivación y un aliciente ante la vulgaridad de la vida cotidiana.
No puedes controlar lo que pasa en tu día a día, no hay argumento que te ayude con las acciones ajenas, no puedes influir en el clima, el sol o la lluvia no te consultan a la hora de presentarse, pero siempre puedes elegir qué comer.
Salvo que de tus recursos financieros no quede nada, y por obvias razones no puedas hacer compras en el automercado, comer es una acción libre que puedes ejercer a diario para tu felicidad y bienestar pleno.
La comida es un lugar seguro, no necesitas de otros para comer, no tienes que esperar invitación alguna, es una forma de pasar el tiempo y llenar la vida de momentos únicos.
Claro que a la hora de comer es importante tomar previsiones. No puedes alimentar tu gula o al menos no deberías.
Comer bien, sabroso, no debería ser sinónimo de hacerlo sin limites, dejándote llevar por tus bajos instintos, no puedes (o no deberías) convertir la comida en un vicio.
Todo placer deja de serlo cuando se convierte en una obsesión que te desgasta y anula tu voluntad.
La idea es disfrutar la comida, descubrir sabores, apreciar texturas: dulce, salado, ácido.
Es preciso volverse un experto en probar, sin embargo, esto no significa que te vas a convertir en un goloso irreductible, en alguien que come porque no puede evitarlo.
Los que disfrutamos de la comida, no comemos para escapar, no vivimos para comer, vivimos y también comemos.
sábado, 21 de diciembre de 2024
Comer
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