No hace falta ser psicólogo ni especialista en salud mental o un fan de temas de espiritualidad para saber que es necesario utilizar diariamente todos nuestros recursos, físicos y emocionales, para tener el mejor día posible o al menos intentarlo.
La vida es lo que hacemos a diario, nuestros hábitos y rutinas repetidas en el tiempo construyen nuestro destino. No llegamos a calcular la importancia de la vida cotidiana y esas pequeñas elecciones que hacemos a cada instante, hasta que el tiempo pasa y nos pregunta qué hicimos con él.
Los años empiezan y terminan sin que te des cuenta. El tiempo es un tirano que te obliga a tomar acción para avanzar, y siempre te cuestionará sobre el uso que le diste.
Si en la vida diaria no te tomas el trabajo de modificar tus hábitos e incluso la perspectiva con la que los llevas a cabo será imposible que llegues a tener ese cambio que quizás estés buscando. A todos nos pasa, queremos transformar uno o varios aspectos de nuestra personalidad o circunstancias, pero no hacemos nada y creemos que llegarán a suceder de la noche a la mañana.
Los cambios son posibles a través de hábitos nuevos, rutinas que permitan sostenerlos con el paso del tiempo. En este aspecto surge la importancia de la energía, ya que la realización o el olvido de esos hábitos tendrá relación con ella y el modo en que la administremos.
Hay dos formas de usar la energía: para construirnos o destruirnos.
La energía es nuestra capacidad de ponernos en acción, de movilizarnos por nuestros deseos.
Se alimenta de nuestras obsesiones, le dedicamos más energía a lo que más nos interesa. Esto no siempre es positivo porque si tus obsesiones son perjudiciales la desperdiciarás.
Podemos elegir qué hacer con la energía de la que disponemos si vivimos desde la consciencia, si dejamos de lado el piloto automático.
La experiencia y el paso del tiempo nos ayudan a ver, sobre todo a quienes hemos vivido tratando de entender lo que nos pasa, que si le damos nuestra atención a lo negativo, desagradable o absurdo que se nos presenta tendremos unos resultados muy diferentes a si, por el contrario, nos enfocamos en lo positivo con lo que contamos, sobre todo en nuestro mundo interior. Todo cambio es de adentro hacia afuera, no al contrario.
La energía vital podemos convertirla en ganas y entusiasmo o en desaliento y decepción.
Luisa Ugueto Liendo

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