Odiar es un deporte altamente practicado por la mayoría. Socialmente se tiene como costumbre ejercerlo por razones triviales.
Si alguien tuvo una actitud equivocada o cruel, algunas personas se sienten con licencia para desatar toda su ira. Dicen "no perdonar" con orgullo, y se llenan la boca alimentando un ego mal entendido que solo fomenta la discordia y la falta de paz interior.
En nuestra sociedad (en tu calle, en tu país, en el mundo) se normaliza el rencor como una forma de arte.
El internet es el escenario ideal para los odiadores de oficio, tienen muchos más seguidores en redes sociales que quienes manejan un discurso neutro o de paz. Ser noble es un chiste para una mayoría que ven en esa postura una forma de exponerse ante la maldad de los otros.
Algunos aborrecen, incluso, a quienes ni conocen. En redes sociales últimamente el ejemplo perfecto es el odio a algunos artistas. Los insultan con ferocidad.
El odio es la enfermedad de esta época.
El odio y su práctica es el culpable de muchas muertes. Se fomenta a diario en discursos políticos, en disputas triviales y tendencias irrelevantes.
Pensar diferente no es motivo para asesinar a un ser humano.
Muchos están tan preocupados por tener la razón que si para sostenerla tienen que liquidarte no les temblará el pulso.
El odio es un error, el peor de todos.
Es una enfermedad mental, una práctica de gente poco inteligente que no puede analizar las circunstancias propias o ajenas con racionalidad.
Nace de la debilidad de carácter, del miedo y puede que alcance a otros, pero fundamentalmente destruye a quien lo siente y lo lleva a la acción.

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